Jerónimo era
un joven canadiense que vino como misionero evangélico a España..., alto, rubio y de buen
parecer. Fue de los primeros misioneros que vinieron después de la posguerra a España, hoy seguramente tendrá alrededor
de 75 años, se instaló en la provincia de Murcia en unos pueblos de cuyo
nombre no viene a cuento acordarse. A Jerónimo le costaba mucho entender
las costumbres y tradiciones de las gentes de la comarca en la que se había
instalado, sobre todo le costaba sobrellevar las tradiciones un
tanto folclóricas, y para el idolatras, de las procesiones religiosas. Sufría y se indignaba
mucho por ello hasta el punto de que un día decidió increpar a los
participantes en ellas, exhortándoles a que buscaran al Dios vivo y no
siguieran detrás de imágenes que son obras de hombres y no dioses, que
tienen ojos pero no ven y oídos y no oyen (Sal
135:15-18) .
Un día
en una procesión dijo algo a los participantes que no les gustó, y cansados de que les increpara y ridiculizara su fe, estos enfadados le agredieron. Jerónimo, dolorido y frustrado porque no podía convencerlos de su error, al llegar a casa esa noche, su joven y guapa esposa le consolaba para que se relajara y pudiera
dormir, y cuando se durmió tuvo un sueño.
En las representaciones oníricas de su visión nocturna, vio un perro hambriento y esquelético al que se le marcaban los huesos de las costillas, mientras roía un hueso seco y duro. Entonces en su sueño escuchó una voz que le
decía: Jerónimo, ¡quítale el
hueso al perro! A lo que Jerónimo respondió; me morderá, está hambriento. Sin embargo intentó quitar el hueso al perro, pero éste, con gesto agresivo, le enseñó sus caninos y le lanzo una mordida sin llegar a alcanzarle la mano. Por segunda vez, vio una mano que le ofrecía un chuletón de ternera, la voz le dijo: dáselo al perro, verás cómo dejara el hueso, y Jerónimo así lo hizo; el animal se lanzó con desesperación al chuletón de ternera, al tiempo
que esa voz le decía nuevamente a Jerónimo, ¡coge ahora el hueso!... Jerónimo pudo
retirar el hueso al perro sin que este apenas se percatara de ello.
Cuando Jerónimo despertó de su sueño,
impresionado meditaba sobre ello, y luego de comentarlo entre algunos
allegados entendió claramente el mensaje que se le transmitía; rectificar su
conducta y actitud frente a las cofradías de procesionarios.
Es muy difícil dejar lo único que tienes por malo que sea, cuando no
tienes algo mejor que lo sustituya. Después de esta revelación el Señor le dio
paciencia y gracia para hablar con las gentes y muchos entendieron la vanidad
folclórica aunque suntuosa de las procesiones, y se convirtieron en seguidores
de Cristo. A partir de ese momento Jerónimo empezó a tener amigos
y simpatizantes entre los vecinos de esos pueblos y llegó a fundar varias
iglesias evangélicas en la región.
Vemos por un
lado que los sueños son claros y contundentes en su mensaje cuando llegamos a
entenderlos, pero vemos así mismo que el parecido y simbolismo de las imágenes con la historia
que vivimos en la realidad no se parecen en nada, motivo este por el que nos cuesta relacionar lo que soñamos, con la realidad que vivimos cotidianamente. como dice Watchman Nee el hombre de afuera no comprende al hombre de mas adentro. Dicho de otra forma nuestra conciencia cotidiana, o externa (en sicología no se re conoce otra; lo cual no implica que no la haya), no entiende las vivencias del estado profundo del alma cuya manifestación mas intrínseca son los sueños.
Sin embargo el
mensaje virtual y los principios que se nos revelan en ellos son los mismos que
vivimos en nuestra realidad cotidiana, aunque las imágenes que proceden de adentro y las que vivimos en el mundo exterior difieran mucho, los principios, la sustancia o esencia de la actitud que debemos corregir son idénticas.
Si queremos entender los mensajes de los sueños, aunque las formas y las
circunstancias vividas en ellos no se parezcan, a las que
nosotros vivimos en la realidad, sin embargo contienen la misma sustancia, el mismo principio. Y, es el siguiente; no le puedes quitar la muleta al cojo sino le proporcionas una silla de ruedas, o le sanas la pierna, sino se enfadará y le lastimarás... Para la mucha hambre no hay
hueso duro.
www.labibliaylossueños.com
Alfredo
Manzano.
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Alfredo Manzano.


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