¿HA CAMBIADO LA
INQUISICIÓN DE BANDO?
Hace un tiempo atrás en una conferencia evangélica, de cuyo nombre no es necesario acordarse, abrí un stand para promocionar el libro La Biblia y Los Sueños.
Hace un tiempo atrás en una conferencia evangélica, de cuyo nombre no es necesario acordarse, abrí un stand para promocionar el libro La Biblia y Los Sueños.
Una persona notable dentro del mundo
evangélico, que tenía un stand frente al mío, le molestaba el texto de
promoción, el mismo que hoy forma parte
de la imagen de portada de la web “La Biblia y Los Sueños”. El texto dice
así:
«Antes que se escribiera la Biblia
ya existían los sueños y por los sueños la Biblia se escribió y mediante
visiones, sueños y revelaciones la Biblia se concluyó». Esta persona estaba furiosa por el contenido
de esa frase. El motivo, al parecer,
—nunca dijo nada, ni razonó conmigo al respecto, pero según deduje de sus
comentarios, parece ser que le contradecían y trastocaban algunas de sus teorías y
conceptos bíblicos sobre los que él se fundamenta—. ¿..?
Sin embargo no me
ofreció argumento, u oportunidad alguna de debatir o cuestionar algo, solo se
despachó con gritos de frases peyorativas. Era muy evidente que, aparte de
molestarle el texto, estaba dispuesto a
que todos lo supieran.
El suceso se produjo en vivo y en directo, es
decir verbalmente en reiteradas ocasiones durante los tres días que duró el congreso.
Fue
muy triste la situación y consiguió despertar una agresiva respuesta en mí al
defender el significado de la frase que encabezaba la promoción del libro; de
la que luego me arrepentí.
Me
costaba aceptar y comprender que una persona de su categoría y rango,
conocedora supuestamente de las Sagradas Escrituras dado los cargos que ha
ocupado y que todavía alguno de ellos desempeña, rebatiera el contenido de un
simple texto con tan obstinada insistencia y groseras formas. No podía
comprenderlo, me frustraba y enfadaba, al tiempo que me preguntaba; cómo pode ser que una persona de ese nivel discutiera sobre un concepto tan evidente y
sencillo de entender.
¿Qué pretendía cuando gritaba a fuerte voz en
el pasillo por donde transitaban, la gente para ir y venir a las plenarias de los más destacados líderes nacionales dentro
del mundo de la reforma, —entre los que él también se encontraba—? ¿Pretendía
ridiculizar el texto que usábamos como eslogan a la publicación del libro? ¿Quería conseguir que sus correligionarios prestaran atención a la herejía del breve texto que
anunciaba el lanzamiento del libro? Pues bien, la herejía que manifiesta ese
breve texto ya ha quedado integrada en la segunda edición de La Biblia y los
sueños.
En esta ocasión, por venir de quien venía la crítica, por un momento llegué a pensar que la Inquisición se había cambiado de bando.
Pero afortunadamente nadie prestaba demasiada atención a sus fuertes soflamas
incendiarias contra el libro; «La Biblia y
los sueños» y su autor.
Un
catedrático de una universidad de Teología e Historia de la Iglesia de cuyo
nombre de verdad no me acuerdo, que sin
embargo mi despiadado crítico conocía
muy bien, estaba ojeando el libro y la exposición del mismo, a quien mi fustigador
se acercó y, estando yo delante le insinuó: ¿Qué te parece ese texto de
presentación que dice antes que se escribiera la Biblia ya existían los sueños?
A lo que el catedrático de Teología contestó, —como literatura no está mal—,
¿Solo como literatura? —Le respondí yo, al tiempo que insistía en mis
preguntas—, ¿El contenido no es una realidad? Bueno… eh… No sabía qué
responderme el señor catedrático, pero intenté reflexionar con él y le dije:
sin considerar conceptos antropológicos, sociológicos o científicos de algún
tipo, sólo considerando las Sagradas Escrituras, ¿No considera que el argumento
de la frase es veraz? Porque a los que se dedican a las ciencias no hace falta
explicarles nada al respecto de este asunto, lo tienen clarísimo, por lo menos
eso es lo que yo he comprobado; en cambio a los que tienen un cuadro conceptual
y doctrinal de la Biblia en su mente, y que permanecen obstinadamente aferrados
al mismo, sinceramente creo que sí les hace falta por lo menos, considerar el
texto bíblico.
Le
pregunté, ¿no existieron primero Abraham, Isaac, Jacob, José y todos sus contemporáneos
antes que Moisés? Por supuesto, todos
los primeros existieron antes que Moisés, —contestó el catedrático— Abraham
existió entre 600 a 430 años antes que se produjera el éxodo de Egipto,
dependiendo de unos u otros historiadores ¿verdad? —Seguí cuestionando yo—. Sí,
por supuesto, más o menos esos son los tiempos —respondió el catedrático—.
Luego, si posterior a ambos acontecimientos Moisés escribió el Pentateuco o la
Ley, entonces Moisés está escribiendo
sobre los sueños y visiones que tuvieron sus antepasados entre 600 y 430 años
antes que él, ¿no es cierto? —bueno... sí, pero… —hizo una mención a las
tradiciones que no venían a cuento, tratando de echar humo sobre la cuestión
que empezaba a presentarse bastante clara, al tiempo que le recordaba lo que
decía Jesús sobre las tradiciones cuando dijo: invalidáis la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis
transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas. Mar 7:13. Hablábamos —proseguí—, que los antepasados de
Moisés soñaron, visionaron, y sus experiencias se fueron transmitiendo
oralmente por generaciones hasta que posteriormente Moisés empezó a escribir
los primeros cinco libros de la Biblia, según se enseña en los institutos
bíblicos y universidades de teología ¿si, o no? Puesss si, así parece que fue.
Entonces primero soñaron, visionaron y luego lo escribieron.
Yo
seguía citando frases como las que expondré, para que no desviara el asunto en
divagaciones que no se ajustaban al tema que nos ocupaba:
Jesús añadió;
–El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado. Así que el Hijo del hombre tiene autoridad
también sobre el sábado.
No se hizo el hombre para la ley, sino la ley para el hombre.
Dicho de otra forma, no se hizo el hombre para la Biblia sino la Biblia para el hombre. ¿No es cierto? Pues así mismo, no se hicieron los sueños para la Biblia, sino que la Biblia se escribió por los sueños, las revelaciones e intuiciones inspiradas por el Espíritu Santo a sus protagonistas y a los que las escribieron.
No se hizo el hombre para la ley, sino la ley para el hombre.
Dicho de otra forma, no se hizo el hombre para la Biblia sino la Biblia para el hombre. ¿No es cierto? Pues así mismo, no se hicieron los sueños para la Biblia, sino que la Biblia se escribió por los sueños, las revelaciones e intuiciones inspiradas por el Espíritu Santo a sus protagonistas y a los que las escribieron.
Los
sueños no se pueden separar del ser humano, van intrínsecamente anexionados a
su personalidad psíquica. Sin leer la Biblia se puede vivir seguramente con
peor calidad de vida, pero se puede vivir; en cambio no se puede vivir sin
dormir ni soñar, porque las imágenes oníricas forman parte inseparable del
sueño o el dormir, y una persona no puede pasar más de diez días seguidos sin
dormir sin correr el riesgo de lesiones neuronales y psicológicas muy graves y
en pocos días más la muerte segura.
Muy
interesante pero, la Biblia sigue siendo imprescindible para conocer a
Dios. Por supuesto —le dije—, eso es
incuestionable. Pero ese no es precisamente el tema del texto sobre el que
estamos debatiendo. —Bueno, me tengo que ir, hasta luego y suerte—. Que el
Señor lo bendiga, le respondí—, ¡y gracias por permitirme dialogar sobre el
tema! añadí este comentario con un tono de voz un poco más fuerte de lo habitual,
a fin de que el inquisidor que estaba en su stand, frente al mío, se percatara,
que hay formas más amables e inteligentes para debatir las cuestiones que no
compartimos, que el mero enfrentamiento sin reparos, consideraciones ni
reflexión.
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